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Luisa Fernanda Gaona: Una ovación a la bondad

LUISA FERNANDA GAONA

 

Cuando pienso en Luisa lo primero que me viene a la memoria son sus ojos chisporroteantes. Su sonrisa. Sus vermús. Sus ganas de compartir. Su ilusión intacta por su oficio.

Nunca olvidaré el apoyo, hace unos años, cuando debuté en Madrid con una comedia. No sé la cantidad de veces que llegó a ver la función. Decía que se lo pasaba tan bien que le servía de terapia.

Ella, que montó compañía junto a su marido, sabía de las glorias y de los sinsabores de este oficio. Aunque, positiva por naturaleza, siempre prefirió que en su recuerdo prevalecieran las primeras.

Coincide la opinión de muchos compañeros en que su vida no fue nada fácil. En sus últimos años trabajó menos de lo que le hubiera gustado, vio morir a su única hija, Patricia, y ella misma luchó con uñas, dientes y muchas ganas para ganarle la batalla al cáncer que hace tiempo decidió instalarse en su cuerpo.

No. No lo tuvo nada fácil. Pero si hay algo común que recordamos todos es su risa, sus ganas, su bondad. Y es que Luisa Fernanda Gaona era una buena mujer. Recordarla así, será nuestra última ovación.

Buen viaje, compañera.

Lucía Álvarez

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