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FRANK BRAÑA, HISTÓRICO DEL CINE DE ACCIÓN FALLECE EN MADRID A LOS 77 AÑOS.

En la madrugada de este lunes, Francisco Braña Pérez, uno de nuestros actores más emblemáticos en el cine de acción y los spaghetti-westerns, fallecía en el hospital madrileño de Puerta de Hierro, víctima de una insuficiencia pulmonar. Su legado comprende más de 170 películas, entre ellas muchos títulos emblemáticos de los años sesenta y setenta.   Estaba alejado del mundo de los largometrajes desde su participación en Tiovivo c.1950, de José Luis Garci (2004), pero su recuerdo seguía muy presente entre los cinéfilos: este pasado diciembre había recibido un homenaje del Festival de Western de Almería, igual que en 2007 fue el protagonista en la Semana Internacional de Cine de Autor de Lugo. Francisco Braña nació en el pequeño pueblecito asturiano de Pola de Allande en 1934, de chaval estuvo bajando a la mina, picando como el que más en las entrañas de la tierra. Cuando cumplió la mayoría de edad, quiso seguir los pasos de su padre, al que habían admitido como guardia civil, pero su deseo se vio truncado al ser declarado inútil en el ejército. Y cuando ya se había hecho a la idea de que su futuro se forjaría como empleado de banca, sucedió lo inesperado. “Me surgió la oportunidad de trabajar como chofer para un señor de Madrid. Allí nos dijeron de unas pruebas para trabajar en el cine, de especialista. Me preguntaron si sabía montar a caballo y yo contesté que sí, aunque no fuera del todo cierto...”.  Se estrenó con un pequeño papel en Café de chinitas (1960), de Gonzalo Delgrás, pero su rotunda mirada azul no tardaría en popularizarse. Conoció de cerca a Clint Eastwood con ocasión de La muerte tenía un precio y Por un puñado de dólares, cintas que se rodaron en la Almería de los años sesenta y que constituyen la quintaesencia spaguetti-western. También compartió plantel con Charlton Heston y William Holden, además de, evidentemente, con el gran director de aquel cine, Sergio Leone. Su rostro, duro y severo, se había forjado en clases de kárate y boxeo. Además, el joven Braña se esforzó por aprender inglés. En Rey de Reyes, la famosa superproducción sobre Jesucristo, desarrolló su primer papel como especialista. A finales de los sesenta y durante la década siguiente se convirtió en actor fetiche para Rafael Romero Marchent, con el que rodaría Garringo, Manos torpes, Un dólar de recompensa o El lobo negro, entre otros títulos. La silicosis, herencia de sus años en la mina, le impidió desarrollar su trabajo con normalidad en los últimos tiempos, pero mantuvo siempre un humor fino y la cabeza activa. [gallery ids="2245"]

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